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Juramento que trasciende tiempo y fronteras

 

Dicen que el amor todo lo puede. Don Jorge García y a doña Rafael Maradiaga de García son un ejemplo de todo lo que puede lograr una pareja cuando el amor rige sus vidas. Jorge, de 93 años de edad y Rafaela, de 92, han sabido enfrentar juntos la vida con valentía y perseverancia, lo que les ha llevado a vencer grandes obstáculos. Hoy, disfrutan de lo que según Rafaela es una nueva bendición: su ciudadanía estadounidense.

Natural de Puerto Cortés en Honduras, Rafaela Maradiaga emigró a Guatemala siendo aún niña. Fue en la capital guatemalteca que conoció a quien es hoy su esposo. “Fue un amor a primera vista. Desde ese 2 de febrero de 1946 no nos hemos separado”, comenta haciendo referencia al momento en que conoció a Jorge, quien es natural de Retalhuleu, Guatemala. “Bailamos y bailamos; bailando me dijo que sería su novia para toda la vida” añade.
 
Jorge y Rafaela tomando el Juramento de Lealtad
 
Jorge y Rafaela tomando el Juramento de Lealtad

Desde jóvenes fueron muy responsables y trabajadores. Rafaela trabajaba en una fábrica para pagar la renta de la casa donde vivía con su madre de crianza; Jorge trabajaba en una tabacalera.

El deseo de estar siempre juntos les llevó hasta la iglesia de San Felipe de Jesús de La Antigua Guatemala, al pie del Volcán de Agua, donde Jorge se le declaró y juraron “amarse para toda la vida”.

Su relación no era bien vista por la madre de crianza de Rafaela, quien se había encargado de ella desde que quedó huérfana a los dieciséis años. “Si nos veía juntos, nos tiraba piedras y con sus termos, sobre todo a Jorge”, comenta Rafaela. Pero eso hizo fortalecer su amor.

“Nunca dejamos de disfrutar nuestra vida”, comenta Jorge. “Hubo momentos buenos y momentos difíciles, pero siempre fuimos agradecidos a la vida, y siempre sacamos una vez al año para disfrutar frente a la playa”.

Rafaela y Jorge tuvieron trece hijos pero sólo seis sobrevivieron. El último parto fue de gemelos, cuando Rafaela tenía 47 años.

Mantenerse unidos ha sido siempre el norte para esta pareja. La única vez que se han separado fue cuando Rafaela viajó por primera vez a Estados Unidos en el año 1989 para cuidar de su primer nieto, el primogénito de su hijo mayor Jorge Rafael y de Judith García, quienes habían emigrado hacía unos años. “Fueron tres meses de ausencia, tres meses de pena” recuerda don Jorge.

Él y Rafaela tuvieron la oportunidad de emigrar a Estados Unidos en 1989. “Jorge se perdió el día que llegó al aeropuerto y tuvimos que salir a buscarlo. No sé cómo se las arregló para conseguir un teléfono y llamar a la casa”, cuenta Rafaela destacando la perseverancia de su marido.

Adaptarse a una nueva vida en este país ha sido un reto. “Nunca pensé que podría hablar otro idioma, sobre todo a esta edad, y poco a poco he aprendido y he podido comunicarme adecuadamente”, señala don Jorge con gran satisfacción, destacando que emigró siendo ya mayor.

No obstante, ambos coinciden que su mayor satisfacción ha sido poder convertirse en ciudadanos estadounidenses, lo que lograron el pasado 12 de febrero de 2014 en una ceremonia de naturalización en Los Ángeles. “Estoy muy agradecido de este bendito país que nos ha recibido” comentó. Rafaela añade: “Es una alegría que va a perdurar para siempre. Es una bendición. Recibir esa bandera pequeñita es muy significativo. Es pequeña en tamaño, pero es inmenso el mérito que lleva. Lloré al recibirla”.
 
Don Jorge García muestra orgulloso su Certificado de Naturalización. A su lado doña Rafaela Maradiaga de García. Le acompañan sus familiares.
 
Don Jorge García muestra orgulloso su Certificado de Naturalización. A su lado doña Rafaela Maradiaga de García. Le acompañan sus familiares.


Jorge y Rafaela dicen que tomar este gran paso les ayudará a disfrutar de su vida a plenitud. “En esta etapa de nuestra vida seguimos juntos”, dice Jorge, “pero estamos más contentos porque logramos lo que más queríamos que era hacernos ciudadanos”. 

Oath that transcends time and borders
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They say that love can do everything.

 

Don Jorge Garcia and Donna Rafael Maradiaga de García are an example of all that a couple can achieve when love rules their lives. Jorge, 93 years old and Rafaela, 92, have been able to face life together with courage and perseverance, which has led them to overcome great obstacles. Today, they enjoy what Rafaela says is a new blessing: her American citizenship.

Born in Puerto Cortes in Honduras, Rafaela Maradiaga emigrated to Guatemala as a child. It was in the Guatemalan capital that she met her husband today. "It was love at first sight. Since February 2, 1946 we have not separated, "he said referring to the moment he met Jorge, who is a native of Retalhuleu, Guatemala. "We danced and danced; Dancing told me he would be his girlfriend for life "he adds.

 

From young people they were very responsible and hardworking. Rafaela worked in a factory to pay the rent of the house where she lived with her foster mother; Jorge worked in a tobacco company.

The desire to be always together led them to the church of San Felipe de Jesus of Antigua Guatemala, at the foot of the Water Volcano, where Jorge was declared and vowed to "love one another for life."

Their relationship was not well regarded by Rafaela's foster mother, who had taken care of her since she was orphaned at the age of sixteen. "If he saw us together, he threw stones at us and with his terms, especially Jorge," says Rafaela. But that made his love stronger.

"We never stop enjoying our life," says Jorge. "There were good times and difficult times, but we were always grateful to life, and we always get out once a year to enjoy the beach."

Rafaela and Jorge had thirteen children but only six survived. The last birth was for twins, when Rafaela was 47 years old.

Staying together has always been the north for this couple. The only time they separated was when Rafaela first traveled to the United States in 1989 to take care of her first grandchild, the eldest son of his eldest son Jorge Rafael and Judith Garcia, who had emigrated a few years ago. "There were three months of absence, three months of grief," recalls Don Jorge.

He and Rafaela had the opportunity to emigrate to the United States in 1989. "Jorge got lost the day he arrived at the airport and we had to go get him. I do not know how she managed to get a phone and call the house, "says Rafaela emphasizing the perseverance of her husband.

Adapting to a new life in this country has been a challenge. "I never thought I could speak another language, especially at this age, and little by little I learned and I was able to communicate properly," says Don Jorge with great satisfaction, emphasizing that he emigrated as he grew older.

However, both agree that their greatest satisfaction has been to become US citizens, which they achieved on February 12, 2014 at a naturalization ceremony in Los Angeles. "I am very grateful for this blessed country that has received us," he said. Rafaela adds: "It is a joy that will last forever. It's a blessing. Receiving that little flag is very significant. It is small in size, but the merit it carries is immense. I cried when I received it. "

 

Jorge and Rafaela say that taking this great step will help them to enjoy their life to the fullest. "At this stage of our life we are together," says Jorge, "but we are happier because we achieved what we wanted to become citizens."
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