Nuestra Experiencia y como los Podemos Ayudar

Estimados Amigos;

 

El Sr.Evelio Horta con una experiencia de mas de 15 años, tratando con personas que nesecitan ayuda con sus planillas y formularios requeridos por el Departamento de Inmigracion, este veterano de los servicios de Inmigracion en los EEUU. y Latino America. lo cual le otorga una alta credibilidad y seriedad ante sus clientes que lo respetan por su labor. Por esta vocacion de servicio que tiene Evelio Horta, es que nace la idea de ayudar mas a la comunidad dentro y fuera de EE.UU. y funda “ONE STOP SERVICES GROUP INC.” La empresa que, con mucho exito, ha ayudado a cientos de inmigrantes dentro y fuera de los EEUU.

Nuestra oficina los ayudara para sus trámites migratorios, les ayuda a reducir los tiempos de procesamiento o cualquier costo en el que pueda incurrir debido a retrasos y errores. Nuestra oficina le ofrece estos servicios con la garantía de años de experiencia y una constante actualización de procedimientos y regulaciones del Servicio Nacional de Inmigración, United States Citizenship and Immigration Services (USCIS)

Si tiene un familiar retenido en Prision lo ayudamos si está casado le hacemos una petición a United States Citizenship and Immigration Services (USCIS) acogiéndose a su esposa, puede ser Ciudadana o Residente, y con este trámite puede tramitar su estadía en Estados Unidos., (Si es Cubano también puede hacerlos antes de que lo envíen a U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE). Sus familiares tendrían que pedir cita para dichos trámites, si sus familiares no están en el Estado de la Florida se puede hacer vía correo, puede empezar el proceso desde que empiece la condena o hasta que le queden no menos de 8 meses antes de terminar condena.”

Si esta interesado?

Contactenos a:  (305)264-1004  Nos gustaria ofrecerles nuestros servicios!

Orgulloso Veterano de la Segunda Guerra Mundial es Naturalizado a sus 96 Años de Edad

Luego de haber vivido en los Estados Unidos durante más de 90 años, Félix García se convirtió oficialmente en ciudadano estadounidense el pasado mes, a la edad de 96 años.   Nacido en Mazatlán, México en 1917, sus padres lo trajeron a Estados Unidos cuando tenía tan solo 3 años.

Siempre se sintió estadounidense y durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en un B-24 Liberator como artillero condecorado. Sirvió también en misiones de bombardeo sobre Italia, Francia y los Balcanes en algunas de las funciones de combate más peligrosas y aterrorizantes que podríamos imaginar.  Como artillero, estaba encerrado en una torreta de cristal que sobresalía del fondo de un gran avión pesado que volaba en formación a miles de metros sobre el territorio enemigo.


Félix García (en el círculo) en la Escuela de Artilleros – Segunda Guerra Mundial

Félix García (en el círculo) en la Escuela de Artilleros – Segunda Guerra Mundial

"Tuvimos que pelear con aviones alemanes porque nos estaban atacando". "También fuimos alcanzados por artillería antiaérea…perdí tantos amigos". "Nuestro avión tenía ametralladoras en la parte superior, inferior, frontal y lateral…en ese momento estás bien asustado por ti y tus amigos que están allí arriba." En una de las misiones, un compañero artillero en una de las torretas de cristal fue alcanzado y muerto instantáneamente por el fuego enemigo.  Aún en medio del aire, el joven García tuvo que reemplazar a su camarada caído, a pesar de la sangre y el miedo a su alrededor.  En otra misión, su avión sufrió tantos daños que tuvo que hacer un aterrizaje forzoso.   Luego de la guerra, a García se le hacía difícil volver a abordar otra aeronave.
 
Félix García en su uniforme militar.
 
Félix García en su uniforme militar.

Cuando se le pregunta cómo se siente de ser un ciudadano estadounidense, García contesta: "Para mí, siempre me sentí como un estadounidense, y pertenezco aquí y siempre estuve listo para hacer cualquier cosa por los Estados Unidos.  Si tuviera que hacerlo nuevamente - a mis 96 años - lo haría, inmediatamente".

Luego de la guerra, García regresó a casa y trabajó como conductor de camiones y en una fundición. Su hija Irene recuerda que una vez se rompió algunas costillas en un accidente.  Sin poder costear los gastos médicos, él solo se vendó el área de las costillas, soportó el dolor, y siguió asistiendo al trabajo para poder mantener a su esposa y sus hijos.

Como jubilado de más de 90 años de edad, y luego de toda una vida de trabajo y servicio, su familia se dio cuenta de que nunca había recibido su ciudadanía durante la guerra.  Ellos pudieron reconstruir sus registros de servicio militar durante la guerra y tramitar su solicitud de ciudadanía con la ayuda de los oficiales de USCIS y otros oficiales gubernamentales, a pesar de que algunos registros se habían perdido debido a un fuego.  Durante su ceremonia de naturalización, recibió un reconocimiento especial como veterano, y finalmente, se convirtió en ciudadano del país que tanto ama.
 
Félix García, orgulloso ciudadano estadounidense, con la copia del Juramento de Naturalización y la bandera de los Estados Unidos en mano.


Félix García, orgulloso ciudadano estadounidense, con la copia del Juramento de Naturalización y la bandera de los Estados Unidos en mano.

Cuando habla de su familia, el señor García sonríe orgullosamente:  "Mis nietos son preciosos, y mis biznietos también".

Félix recuerda con adoración a su esposa, Josephine, quien murió el año pasado y no tuvo la oportunidad de verlo convertirse en ciudadano estadounidense.  "Ella era bella, inteligente y siempre me apoyó".

Después de la Guerra, Félix García junto a su esposa, Josephine, y su Chevy negro.

Después de la Guerra, Félix García junto a su esposa, Josephine, y su Chevy negro.


Él llama a la bandera estadounidense su propia bandera.  Cerca de su hogar, hay una bandera estadounidense y bajo ella, en la misma asta, la bandera del estado de California.  "Yo las llamo mis banderas. Voy allí todas las mañanas, me siento bajo esas banderas, junto mis manos y le hablo a mi esposa.  Le digo hola, que aún la amo y que ella es una bella mujer". 

 

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Juramento que trasciende tiempo y fronteras

 

Dicen que el amor todo lo puede. Don Jorge García y a doña Rafael Maradiaga de García son un ejemplo de todo lo que puede lograr una pareja cuando el amor rige sus vidas. Jorge, de 93 años de edad y Rafaela, de 92, han sabido enfrentar juntos la vida con valentía y perseverancia, lo que les ha llevado a vencer grandes obstáculos. Hoy, disfrutan de lo que según Rafaela es una nueva bendición: su ciudadanía estadounidense.

Natural de Puerto Cortés en Honduras, Rafaela Maradiaga emigró a Guatemala siendo aún niña. Fue en la capital guatemalteca que conoció a quien es hoy su esposo. “Fue un amor a primera vista. Desde ese 2 de febrero de 1946 no nos hemos separado”, comenta haciendo referencia al momento en que conoció a Jorge, quien es natural de Retalhuleu, Guatemala. “Bailamos y bailamos; bailando me dijo que sería su novia para toda la vida” añade.
 
Jorge y Rafaela tomando el Juramento de Lealtad
 
Jorge y Rafaela tomando el Juramento de Lealtad

Desde jóvenes fueron muy responsables y trabajadores. Rafaela trabajaba en una fábrica para pagar la renta de la casa donde vivía con su madre de crianza; Jorge trabajaba en una tabacalera.

El deseo de estar siempre juntos les llevó hasta la iglesia de San Felipe de Jesús de La Antigua Guatemala, al pie del Volcán de Agua, donde Jorge se le declaró y juraron “amarse para toda la vida”.

Su relación no era bien vista por la madre de crianza de Rafaela, quien se había encargado de ella desde que quedó huérfana a los dieciséis años. “Si nos veía juntos, nos tiraba piedras y con sus termos, sobre todo a Jorge”, comenta Rafaela. Pero eso hizo fortalecer su amor.

“Nunca dejamos de disfrutar nuestra vida”, comenta Jorge. “Hubo momentos buenos y momentos difíciles, pero siempre fuimos agradecidos a la vida, y siempre sacamos una vez al año para disfrutar frente a la playa”.

Rafaela y Jorge tuvieron trece hijos pero sólo seis sobrevivieron. El último parto fue de gemelos, cuando Rafaela tenía 47 años.

Mantenerse unidos ha sido siempre el norte para esta pareja. La única vez que se han separado fue cuando Rafaela viajó por primera vez a Estados Unidos en el año 1989 para cuidar de su primer nieto, el primogénito de su hijo mayor Jorge Rafael y de Judith García, quienes habían emigrado hacía unos años. “Fueron tres meses de ausencia, tres meses de pena” recuerda don Jorge.

Él y Rafaela tuvieron la oportunidad de emigrar a Estados Unidos en 1989. “Jorge se perdió el día que llegó al aeropuerto y tuvimos que salir a buscarlo. No sé cómo se las arregló para conseguir un teléfono y llamar a la casa”, cuenta Rafaela destacando la perseverancia de su marido.

Adaptarse a una nueva vida en este país ha sido un reto. “Nunca pensé que podría hablar otro idioma, sobre todo a esta edad, y poco a poco he aprendido y he podido comunicarme adecuadamente”, señala don Jorge con gran satisfacción, destacando que emigró siendo ya mayor.

No obstante, ambos coinciden que su mayor satisfacción ha sido poder convertirse en ciudadanos estadounidenses, lo que lograron el pasado 12 de febrero de 2014 en una ceremonia de naturalización en Los Ángeles. “Estoy muy agradecido de este bendito país que nos ha recibido” comentó. Rafaela añade: “Es una alegría que va a perdurar para siempre. Es una bendición. Recibir esa bandera pequeñita es muy significativo. Es pequeña en tamaño, pero es inmenso el mérito que lleva. Lloré al recibirla”.
 
Don Jorge García muestra orgulloso su Certificado de Naturalización. A su lado doña Rafaela Maradiaga de García. Le acompañan sus familiares.
 
Don Jorge García muestra orgulloso su Certificado de Naturalización. A su lado doña Rafaela Maradiaga de García. Le acompañan sus familiares.

Jorge y Rafaela dicen que tomar este gran paso les ayudará a disfrutar de su vida a plenitud. “En esta etapa de nuestra vida seguimos juntos”, dice Jorge, “pero estamos más contentos porque logramos lo que más queríamos que era hacernos ciudadanos”.